SE DICE que Pogačar es el nuevo Merckx, pero, ¿no será también el nuevo Coppi? Eso de atacar a 75 km de meta, como en el Europeo de hoy, o a más de cien, como en el Mundial de hace una semana, y llegar tan campante a meta, solo lo había hecho Fausto Coppi en la historia del ciclismo. Mi tío me solía decir: «Coppi, de pronto, decía al resto del pelotón: "Hey, me marcho, nos vemos en la meta... y ya no lo veían más"»
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lunes, 21 de septiembre de 2026
lunes, 27 de octubre de 2025
92
DESCUBRO QUE uno de los apodos más célebres de la historia del deporte, El caníbal de Eddy Merckx, no fue acuñado por ningún periodista, como suele ser habitual, sino por una niña, la hija de Christian Raymond, compañero de equipo del propio Merckx, que le dijo un día a su padre: «¿Tu amigo no te deja ganar nunca? ¡Entonces es un caníbal!»
lunes, 25 de agosto de 2025
77
CUANDO DIGO que me niego a que Alcaraz sea mejor que Nadal porque pone en riesgo la calidad de mis tiempos jóvenes, me refiero precisamente a que el deporte de élite es sobre todo una pasión de juventud, al lado de la cual tus pasiones de tiempos adultos o maduros languidecen. Recuerdo muy bien la última vez que lloré cuando uno de mis deportistas admirados fracasó: fue en 2006, hace casi veinte años, cuando Valentino Rossi se cayó en el circuito de Cheste y perdió el Mundial frente a Nicky Hayden. En mis tiempos pezqueñines cualquier derrota de uno de mis ídolos me podía arruinar una semana entera, a veces meses; por eso a las nuevas estrellas las miro con reticencia, pues no me llegan ni la mitad que las de antes por el motivo de que ya no soy la de antes. Creo que les pasa a todos y que la mayoría de los debates sobre los GOATs están viciados por la edad: a esa razón se debe que nuestros abuelos se enfaden tanto cuando se les sugiere alguien mejor que Di Stéfano, Pelé, Ali o Merckx, que fueron los deportistas que les encandilaron en su mocedad. Al final crecemos, maduramos y aprendemos a tomarnos el deporte de élite “como una tontería”, sin darnos cuenta de que estamos perdiendo una parte esencial de nuestra vida mejor para siempre.
viernes, 22 de agosto de 2025
71
ANTES SE respetaban los apodos: si te llamaban La saeta rubia (Alfredo Di Stéfano), Mano de piedra (Roberto Durán), El albatros (Michael Gross) o El hijo del viento (Carl Lewis), podías estar seguro de que ibas a conservarlo hasta tu muerte, sin que ningún modelno viniera por detrás a robártelo. Detecto que fue en la década de los noventa cuando empezó la corrupción; el primer nombre “robado” del que guardo memoria fue el de Dream Team, que se acuñó para designar al equipo de baloncesto que envió la NBA a los Juegos Olímpicos de Barcelona, pero enseguida pasó a denominar también el del F. C. Barcelona dirigido por Cruyff, y hoy designa casi a cualquier conjunto que encadena unas victorias. El segundo atraco descarado es el que se perpetró contra Magic Johnson, cuyo merecido apodo pasó a designar también al piloto de F1 Ayrton Senna y después a Fernando Alonso. Me viene como tercero el que sufrió Shaquille O'Neal, también llamado Supermán, al que otro pívot bastante inferior a él, Dwight Howard, le robó el apodo a pesar de las quejas de Shaquille. Todavía más ridículo es lo que aconteció en España, en la que se colocó el mismo apodo, El niño, a dos deportistas precoces que coincidían hasta en la generación, el uno futbolista (Fernando Torres) y el otro golfista (Sergio García), y no penséis que perdieron el apodo cuando maduraron, no: llegarán a los 90 años y se les seguirá llamando El niño. Pero la verdadera razón por la que escribo estas líneas es porque ayer, durante el partido Inter-Barcelona, me enteré de que a Ferrán Torres le llaman El tiburón y no pude menos que indignarme: ¡el tiburón siempre ha sido Carles Pujol, al lado del cual Ferrán solo puede ser un bacalao! Existen también robos que son homenajes, como el del ciclista Tadej Pogačar, al que se empieza a llamar El pequeño caníbal en referencia a Eddy Merckx, que mantiene El caníbal con toda justicia, o el de Ray Sugar Leonard, que pidió permiso a Ray Sugar Robinson para tomar el Sugar, a lo que Robinson accedió no sin advertirle:
—Pero debes asumir la responsabilidad que contraes con ese apodo, ¿eh? Un boxeador con mi apodo tiene la obligación de ser grande.
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